De viajes cántabros y conocer lugares nuevos

Cantabria siempre ha sido un sitio que nos ha interesado, especialmente a David. Hemos estado en muchos puntos del norte: Santiago de Compostela, Caldas de Reis, San Sebastián, Zarautz, Vitoria, Gijón… Pero Cantabria, que siempre ha sido la que más bonita nos ha parecido, ha sido la que más hemos tardado.
Pero como siempre vale más tarde que nunca finalmente hicimos carretera y pudimos, por fin, conocer semejante lugar.

Dado que David recuerda de pequeño ir a Gijón y, en un determinado punto que no sabe situar, pasar un túnel enorme (quizás unos 2-4kms?) y que el paisaje cambie de amarillo-marrón a verde, pero verde verde, verde que ni la barra nuclear que va de lado a lado en la intro de Los Simpsons. Un verde precioso, increíblemente intenso, y con ese recuerdo decidimos coger el coche para hacer el viaje, y también aprovecharlo para visitar lo máximo posible que nuestros 3 días de viaje nos permitiesen.
Si bien no esperábamos pasar por ese mismo túnel sí que pensábamos que las carreteras estarían con una vegetación similar. Bueno, pues desgraciadamente nos equivocábamos y hasta que no llegamos a Cantabria el paisaje no era tan bonito como imaginábamos, sin embargo los últimos 100kms aproximadamente ya empezaron a mostrar todo lo que imaginábamos de nuestro apreciado norte peninsular.

Lo cierto es que llegamos ya entrada la noche. Serían las 20, después de unas 7 horas de conducir. Ese primer día aprovechamos para ver el hotel (situado en Suances), que en las fotos tenía una pinta buenísima, e ir al pueblo, ver un poquito los alrededores y cenar.
Estando lo cansados que estábamos decidimos coger algo para llevar y cenar en el hotel tranquilamente. En el restaurante, mientras esperábamos a que nos preparasen la comida, el dueño nos ofreció para probar un plato que había preparado un cliente y nos encantó el gesto. Esto nos serviría de tentempié -nunca mejor dicho jaja- pues en Cantabria se come MUCHO y MUY BIEN.

Ya al día siguiente por fin pudimos ir a visitar todo lo que queríamos visitar en nuestro 1er día: Suances, Santillana del Mar (que, como pudimos comprobar, es el pueblo de las tres mentiras pues ni es santa, ni es llana, ni tiene mar) y Comillas. Lo cierto es que el fin de semana que fuimos no había mucho movimiento, y al haber empezado la excursión realmente pronto decidimos cambiar de plan y acabar el día en Santander, que es lo que más ganas teníamos de ver, y así poder tener más tiempo de visitarlo pues al día siguiente teníamos en mente pasar el día entero allí.
Os vamos enseñando unas cuantas fotos y seguimos contándoos más abajo :)

Impresiones del 1er día: Cantabria es una pasada. Es increíble ver vacas por todos lados. Sí, hay que ser rarito para que te emocione ver una vaca, pero es que impacta ver tantas y en tantas partes.
Por otra parte lo que pensábamos de la costa cantábrica se ha cumplido: es BRUTAL y PRECIOSA. Los pueblecitos también son una pasada, y lo mismo la arquitectura de Santander, que lo poco que hemos podido ver hasta ahora nos ha impactado. Tiene cierto aire parisino, tanto en los colores como en las formas de los tejados. Las fachadas decoradas con estilo que creemos que es del romanticismo, con esos balcones acristalados que tantas ganas dan de estar en ellos leyendo un libro, tomando un café o simplemente escuchando música. Pero ahora llegaremos a la parte arquitectónica, al fin y al cabo llegamos a Santander casi al anochecer.

Las carreteras, ahora sí, eran lo que David esperaba: verdes, con casitas acogedoras, con animales alrededor -especialmente vacas jaja-, el mar al lado en gran parte de ellas, zigzageos y apenas tráfico. Nota para la próxima visita: ir en avión, no tener que conducir 7 horas y alquilar un coche allí (o en tren, aunque no es tan rápido pero viajar en tren es de lo más bonito que hay).

Para el segundo día teníamos planeado pasarlo entero en Santander, que hay mucho que ver, pero antes… Toca re-encuentro! Blanca y Alberto, quienes se casaron en Valencia en junio de 2018, son de Santander. Bueno, ella es de Valencia y él de Santander, pero la cosa es que están afincados los dos allí por lo que les avisamos unos días antes para tomarnos un café juntos y así hicimos. Quedamos en una cafetería frente al paseo marítimo, de las pocas que sirven el tomate restregado en las tostadas -rayar el tomate es menos habitual de lo que creemos- lo cual para Blanca, siendo valenciana, es primordial. Por cierto, diferencias respecto al almuerzo: aquí nos tomamos un bocadillo, allí es un pincho de tortilla con un colacao. Ah, las tortillas allí las hacen con una capa superior de cualquier cosa que te imagines, y uno bastante habitual es ponerle jamón y queso, como el que pidió Alberto. Los dos siguen igual de guapos y simpáticos y fue una gran alegría volver a verles, que nos recomienden sitios para visitar y tomarnos un café con ellos.

Habiendo acabado el re-encuentro seguimos a la aventura, descubriendo Santander un poco más. El día anterior habíamos estado paseando por la playa de El Sardinero, en el Faro del Cabo Mayor (y bordeamos el mar hasta llegar a la playa de Mataleñas) y ahora íbamos a visitar lo que nos quedaba pendiente e imprescindible: el Palacio de la Magdalena, que aunque estaba de reformas es impresionante, la playa de los Bikinis, el Embarcadero Real, el centro histórico con su arquitectura, el centro de Arte Botín, la Catedral de Santander y algún sitio más que nos dejaremos.

Bueno, y antes de mostraros las fotos de este 2do día una curiosidad, de la cual no teníamos ni idea: sabíais que la ciudad de Santander ardió entera y tuvieron que re-construirla. Se le conoce como el «Incendio de Santander» y ocurrió en 1941. Pasó en apenas un par de horas y no pudieron hacer nada por controlarlo, pues el viento se encargó de que arrasara con todo. Increíble.

Como os decíamos, la arquitectura de Santander es preciosa. La cantidad de detalles en las fachadas, los parteluces en todas las ventanas, los arcos en los balconcitos o los cerramientos, el color, lo acogedor que parece todo y las ganas que dan de sentarse en ellos y ver a la gente pasar. Qué opináis?

Queremos hacer una mención especial a la pizzería de Suances «Pizza Per Tutti», de estilo Napolitano, donde cenamos la segunda noche. La mejor pizza que hemos comido jamás. Si tenéis ocasión de visitarla, sin importar en qué parte de Cantabria estéis, aprovechad para conocer el pueblo que es realmente bonito y probar ese manjar. Buenísiiiiiima y la atención de Antonio de diez.
Decir que no nos paga por este último párrafo, es más, pagaríamos nosotros gustosos que nos enviara una pizza de esas a Valencia 💃

Del tercer día no podemos contaros mucho ya que era el día de volver. Recogimos todo, nos dimos un muy buen desayuno en el hotel y nos preparamos para volver, que nos esperaban 7 horas de carretera. Pero viendo que no había nada más que hacer, y considerando lo mucho que nos gustó la habitación -y el espejo, que ya habéis visto la cantidad de fotos que nos hemos hecho en él jajaja- nos hicimos algunas fotos de despedida y una foto a la fachada de la posada que nos acogió durante nuestra primera (y seguro que de muchas) visita a Cantabria.

Hasta aquí esta crónica de viajes cántabros y conocer sitios nuevos 🥰

  • Por si a alguien le llegase a interesar, las fotos están hechas con una Fuji X-T20, el juguete nuevo de David. Es una gran cámara de un tamaño muy contenido y perfecta para llevar todo el día pues no pesa nada